Interesantes reflexiones, como casi siempre, de Javier Marías en sus últimas dos columnas de El País Semanal (no hay versión electrónica), sobre la Democracia 2.0.
Marías opina y razona de manera lúcida que los políticos o decisiones salidas de las urnas no son necesariamente buenas por haber sido votadas. Hay ejemplos obvios, como el plebiscito que dio el poder a Hitler, el baboso nuevo proyecto de las Siete Maravillas del Mundo, votado por millones de personas con dudoso conocimiento y criterio (incluido yo), o el hecho terrible de que Bustamante recorra los escenarios gracias al voto de miles de adolescentes hiperhormonadas.
Las encuestas en medios de comunicación, tradicionales o no, encumbran al Rey Juan Carlos como el personaje más importante de la historia de este país, o a Lady Di como la personalidad más destacada en el Reino Unido. Pues vale.
De la misma manera, las nuevas tecnologías y la enorme capacidad de difusión y acceso a la información han posibilitado una especie de democracia 2.0. La web social facilita el acceso a millones de opiniones de usuarios sobre películas, canciones, libros, cuadros, objetos de consumo diario, o incluso personas, valoraciones en las que se basan los mismos usuarios para tomar decisiones sobre sus compras o para formarse sus propias opiniones.
La wikipedia, por ejemplo, es un maravilloso proyecto en el que el usuario, la gente en general es la que redacta artículos sobre el conocimiento humano que serán o son ya utilizados por educadores en todo el mundo para formar ciudadanos.
Incluso hay portales como digg.com o meneame.net en los que somos los lectores los que decidimos cuáles son las noticias realmente interesantes merecedoras de portada, lo que lleva a polémicas inevitables derivadas del perfil de los usuarios de estos servicios, además de publicar y difundir noticias sin ninguna base real.
Una demostración de que es difícil mantener la idea primigenia de objetividad y libertad de criterio cuando se deriva hacia la endogamia de superusuarios que ejercen, paradójicamente, una jerarquía y “criterio editorial” donde no se pretendía. La idea es buena; los resultados, aún no. Esta idea la desarrolla el interesante ensayo Digital Maoism: The Hazards of the New Online Collectivism, de Jaron Lanier.
Vivimos momentos de sobrecarga de información, y tardaremos algún tiempo en hallar la manera correcta de sintetizarla y desarrollar herramientas para tomar decisiones correctas basadas en todo ese flujo de datos.
Los nuevos medios de comunicación y las webs sociales están en una fase embrionaria y sólo podemos vislumbrar lo que llegarán a ser; cada vez será más necesaria la especialización para filtrar y separar lo que vale de lo que no, antes de que se cree un mundo de información basada en los criterios de adolescentes esparciendo sus hormonas via sms; pero eso lo traerá la web 3.0, la democracia 3.0.
Visto en: http://www.santiromero.com
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